Las alas...mis alas.

Desde la orilla de aquel desfiladero había abierto mis alas arrojándome al vacio; esa sensación de caída libre de verdad es abrumadora, instantes después aleteo furiosamente para elevarme y quedar suspendido en alguna corriente de aire tibio. Allá abajo, la humanidad se desangra en una miserable existencia condenada por sus padres originales, una verdadera lástima para la llamada cúspide de la creación.

 

En un momento, un dolor agudo en mi muslo, he sido alcanzado por un proyectil invisible, trato de huir desesperadamente pero entre mas agitación genero, mayor son las penumbras que se ciernen sobre mí y me precipito.

 

Nuevamente la caída libre, pero ahora en la casi inconsciencia puedo sentir el dolor provocado de mi choque contra el suelo y luego la oscuridad.

 

Han transcurrido…eones?, recobro la conciencia lentamente, la creciente luz lastima mis ojos y puedo escuchar a alguien que dice “sabes donde estas?”, entumecido y adolorido trato de levantarme, pero mi cuerpo se encuentra atado sobre una cama; me retuerzo y conforme gano fuerza, vocifero contra mis captores, pero todo es inútil.

 

El tiempo transcurre, he recibido muchos impactos más de esos proyectiles que aletargan mi espíritu, mientras hombres y mujeres de ciencia me dicen que no debo usar mas mis alas, que fui creado para caminar como ellos, como todos. La agonía que me provoca la prisión me lleva a la desesperación de aceptar no volar jamás y de vivir mis días como el resto de la humanidad. Así, un día mis promesas son creídas, los eruditos consideran que lo han logrado y en medio de un ambiente festivo soy liberado de todos mis amarres, puedo abandonar la prisión por fin.

 

Una vez afuera, camino por las calles de esa gran ciudad, me mezclo entre sus habitantes, los observo, cierro los ojos por momentos, puedo ver sus mentes, sus sentimientos y sus almas, simplemente no soy ni quiero ser como ellos; apresuro mis pasos torpes para abandonar la urbe, cruzando sin parar bosques, campos y valles, hasta llega a la orilla de un gran desfiladero.

 

Observo hacia atrás, no tengo perseguidores; cierro mis ojos meditando sobre mi naturaleza y al abrirlos puedo sentir nuevamente mis alas, nunca las perdí y jamás renuncie a ellas. Atisbo una ligera sonrisa y me dejo caer nuevamente al abismo, abro mis alas y juro que no volveré dejarme caer.

 

Historias del ángel.

 

Escuchando: Coldplay – O (Fly On)

 

Einyel


Escrito en La nube selváticaMe siento Aletargado.
Escuchando: Rock alternativo


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