Hermanos

(...) que singular alegría embriagaba el corazón de los amigos, que, en no menos desafortunadas circunstancias, se encontraban nuevamente tras un larguísimo invierno.

Debieron saludarse efusivamente, pero no pudieron, tanto Rudolph como Joseph habían perdido ya demasiados dientes, tampoco podían verse, los hematomas en sus rostros dificultaban dolorosamente su visión.

Se reconocieron, eso es cierto, pues los jóvenes que compartieron incontables veranos en la granja y que construyeron juntos indecibles recuerdos, formaron lazos de hermandad fuertes y perpetuos. hay algo que se siembra en el alma de aquellos que crecen y maduran juntos.

Eran hermanos, hermanos de sangre, de juegos y risas y el dia de hoy, en la penumbra, hermanos de hambre, de fiebre y dolor. Hermanos traidores a su patria, aunque en realidad no habían traicionado a nada ni a nadie, simplemente eran chivos expiatorios, mala suerte.

Dicen que: “mal empieza la semana para al que van a colgar en Lunes” y a estos amigos les quedaban aún un par de días.

Es imposible sacarle a golpes las peras a un olmo, pero los guardias de esa improvisada prisión poco sabían de dichos populares, mas, en cambio, sabían mucho de torturas y sobre cómo conseguir información, cualquier tipo de información, incluso falsa.

Hermanos en la agonía, cuando a uno le rompen un hueso también le duele al otro, cuando a uno le sacaban otro diente, también el otro lo sentía. Hermanos incluso al estar colgados de ganchos clavados en sus carnes, sufriendo, sí, pero acompañados, con la promesa nunca dicha de seguir vivos hasta que llegase el momento, el cual llegaría más o menos en dos días.

Y los guardias no conseguían dato alguno, ni nombre, ni contraseña, pues ellos no las conocían, verdaderamente no sabían. El único error para ellos fue vender vino de pobre calidad a un hombre que en ningún momento se presentó a sí mismo, pero les vieron haciendo el trato y en estas tierras hostiles eso es suficiente para llevarte a juicio.

Al final los liberaron, rotos, derrumbados, a la orilla de una vieja carretera que ya nadie transitaba y se fueron caminando como pudieron juntos, tan amigos como siempre, tan hermanos como habían crecido, tan juntos, hacia el futuro.



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