Ketorolaco

Todos los días, casi siempre a la misma hora, empieza esta rutina diaria: suena el despertador, no quieres pero debes levantarte, tienes compromisos (trabajo, escuela, novia, etc.). La irremediable libertad a la que estamos condenados te abraza como un pulpo a tu cama y no quiere dejarte ir, pero hacemos fuerza y ahí va de nuevo, como ayer, como mañana: la feroz batalla contra nuestro yo más interno y primitivo que sabe bien lo que es justo y necesario para nosotros. Pero ya no vives más en un mundo primitivo.

Es lo mismo. La misma paste de dientes, el mismo shampoo, la misma temperatura en la taza del baño que te hace respingar, la misma calle, los mismos vecinos, los mismos policías, el mismo cielo, el mismos sol que despierta, el mismo ronroneo del medio de transporte que utilizas o en su defecto, el mismo sonido de tus pasos por la calle. Existen leves cambios, si, un accidente o algo extraordinario que pueden hacerte pensar que la vida ha tomado un pequeño giro pero incluso tras la muerte de un familiar querido (y sabes que esto es verdad) la vida, lentamente vuelve a ser la misma, y los familiares comenzaran a morir más seguido, y los accidentes solo serán parte de la estadística.  

Y todo esto, con los años, te cansa.

Eres el resultado inmediato de una constante evolución por un fenómeno tan rutinario que ni siquiera te das tiempo de desear los cambios. Aparece tu primer gallo, tu primer vello púbico y de pronto eres adolescente, tu primer trabajo, tu primer hijo, tu primer divorcio. Nadie se ha detenido a desear esto, pero una vez que su sucede solemos decir que era algo que esperábamos. Es como vivir la vida hacia adelante, pero justificándola hacia atrás, loco ¿No?

La solución está en los detalles.

Después de haber leído esto y si te identificas de alguna manera, piensa que no todo es tan gris como lo pinto, que de hecho, puedes encontrar en esta “rutina” un infinito coctel de detalles que, si los sabes aprovechar, harán que cada día sea una especie de aventura emocionante. Huele algo nuevo, intenta identificar de qué se trata. Escucha con atención, existen sonidos que siempre cambian y música, música en donde menos te lo imaginas. Observa todo lo que puedas y hasta donde alcance tu vista pero no pretendas ser un artista, no, observa las cosas ordinarias;  los árboles, los colores del cemento, el escote de esa muchacha, observa, imagina, fantasea. No solo toques con tus manos, toca con tus labios: acercar ciertas texturas a tus labios enviara un paquete de información a tu cerebro de sensaciones compleja, con cuidado obviamente, pero me refiero a que uses todo tu cuerpo, no solo lo que te han enseñado, ¿Has pensando en tocar las paredes con la espalda? Por ejemplo.

Deja de lado el celular, el ipad, las noticias que ya sabemos lo que van a decir y que también sabemos que nadie hará nada para cambiarlo.  Empieza a cambiar tus paradigmas, empieza a ser consciente de ti mismo y de lo que te rodea. Piensa y cuestiónate incluso las cosas más ridículas, no importa, si pasa por tu mente: ¡investígalo!

 

Estoy seguro que poco a poco los días ya no parecerán ser lo mismo, aunque lo sean, que esa libertad de la que hablamos ya no te querra amarrar a la cama sino sacarte de ella. Que incluso tu trabajo o escuela o la habitación de tu novia, se convertirán en un jardín de juegos con posibilidades infinitas. Recuerda los detalles y piensa en las posibilidades y todos los días, al despertar, desea algo para tu día. Creo que la cosa te puede ir muy bien.


Escrito en La Paz, B.C.S., México


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